RELIGIÓN Y SOCIEDAD DE CASTAS EN LA INDIA

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Al influjo de este simbolismo se divide la nación en castas, multiplica la religión sus ídolos y se llega por los sabios a hipótesis naturalistas y panteístas.

La unidad de dios se confunde con el alma del mundo. Una tradición vaga de la trinidad, una esperanza de la encarnación, toman cuerpo en la Trimurti y en las numerosas avataras de las deidades salvadoras. Desde aquella edad, Brahm, o Brihm, o Brahma, será tenido por el dios supremo que se revela en la felicidad y en el goce. El Universo es Brahma, viene de Brahma, existe por Brahma y volverá a Brahma.. Según la doctrina panteísta de los hindúes, como mera ilusión para la débil visión del hombre, Brahma toma una cantidad innumerable de formas, desempeña un sinnúmero de papeles y forma diferentes grupos.

Los dos principales son:

  • 1 Una Trimurti, cuyos tres principios se llaman Brahma, el creador; Visnú, el conservador, y Siva, el modificador.
  • 2 Una dualidad, «una sustancia más o menos adecuada al poder masculino, una fuerza que ora se distingue, ora se une con él; una fuerza merced a la cual la sustancia es y puede variar las apariencias del ser; una fuerza, en fin, más o menos identificada con el poder femenino. Esta fuerza toma distintos nombres, según el aspecto y según es considerada. Como energía se la llama Sacti; cuando es simple percepción y, por lo mismo, ilusión, toma el nombre de Maya; cuando es madre de individualizaciones es Matri; cuando es mujer por excelencia, Sonacha».

Cada dios de la Trimurti es hermafrodita. De Brahma emana Sarasnati; de Visnú, Lakmi; de Siva, Bhavani. Brahma tiene cuatro rostros, pronunció cuatro palabras y creó cuatro castas. Visnú, siempre joven, ha salvado varias veces al mundo de perecer, con sus encarnaciones, y encierra en sí el vientre de oro que contiene el huevo del Universo. Siva, el dios terrible que destruye, es, sin embargo, el dios compasivo que re-crea y que con un símbolo impúdico explica a los hombres su potestad generadora.

Esta Trimurti era invocada con la palabra sagrada OUM, proferida por el criador, y que contiene todo el poder y toda la eficacia. Palabra que el devoto no se cansará de pronunciar mientras viva.