LA DONCELLA DE LAS NIEVES

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La doncella de las nieves (snegurochka) era hija de hermosa primavera y de un viejo, helada nariz-roja. Hasta los 16 años vivió en el reino helado de su padre; fue entonces cuando Yarilo, el dios Sol, la vio y la descongeló.

Más tarde, un i nvierno, al encontrarse sus padres, discutieron sobre el destino de la Doncella de las Nieves. La madre quería que fuese libre, pero el padre temía al sol. Finalmente decidieron dejarla al cuidado de un anciano matrimonio. Lo hicieron de la siguiente manera: una mañana, mientras el anciano y su esposa caminaban por el bosque nevado, el hombre se detuvo para hacer una "muchacha de nieve" (el equivalente eslavo de un "muñeco de nieve").

Para su sorpresa los labios de la muchacha de nieve se volvieron rojos, sus ojos se abrieron y de la nieve surgió una muchacha viva y verdadera. La Doncella de las Nieves creció en cuestión de horas. Pronto el sol primaveral calentó la tierra y aparecieron manchas de hierba verde, pero la joven se escondió del sol, se dirigió a las gélidas sombras y tendió sus pálidos brazos hacia la lluvia. Un día, al acercarse el verano, unas muchachas campesinas invitaron a jugar a la Doncella de las Nieves. Esta, tras resistirse, se unió a ellas recogiendo flores, entonando canciones y bailando con los muchachos campesinos. Así se entretuvo hasta que un muchacho pastor, Leí, tocó su flauta para ella, la cogió de la mano y la sacó a bailar. Desde ese día Leí el pastor visitó a la Doncella de las Nieves. Pero, aunque la amaba tiernamente, el corazón helado de ella no le daba respuesta. Finalmente la dejó por una muchacha del pueblo. La Doncella de las Nieves, dolida, corrió a un lago en medio del bosque y pidió a su madre, Lo, que le diera un corazón humano, pues amar aunque sólo sea unos momentos es más precioso que vivir eternamente con un corazón de hielo.

Compadeciéndose de ella, su madre le puso una corona de lirios y le aconsejó que no expusiera su amor a la feroz mirada de Yarilo.

La Doncella de las Nieves corrió por entre los árboles en busca de Leí y le declaró su amor. A medida que hablaba, el radiante sol fue subiendo en el cielo despejado hasta disipar las tinieblas de la noche y fundir la nieve que quedaba. Un rayo de sol cayó sobre ella que, con un grito de dolor, pidió a Leí que le tocara su última canción. Y según tocaba, el cuerpo de ella se hundió en la tierra, quedando solamente una corona de lirios.

Mas cuando una vida pasa, nace otra. El rayo de sol despierta con su beso a la tierra helada y da nacimiento a las plantas y a las flores. En cuanto a Leí, espera que las nieves del invierno le devuelvan a su amada Doncella de las Nieves.

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