EL SACRIFICIO DE TAGALOA

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Cuando una plaga terrible asoló su tierra de origen, Faitaulaga, el sumo sacerdote del dios del mar Tagaloa, pidió a 42 jóvenes fuertes y a siete hermosas doncellas que se ofrecieran al dios y que escaparan de los dioses de la muerte en siete canoas. Con la ayuda del dios del mar, ganaron a los dioses de la muerte y remaron y navegaron durante s iete días y siete noches. Al llegar a una isla del norte, llenaron sus canoas con fruta, pero fueron disparados con flechas envenenadas.

Cuando el séptimo hombre de cada canoa estaba empujando desde la playa, era alcanzado por las flechas y se convertía en el primer sacrificado. Luego llegó una tormenta y unas olas de la altura de una casa arrastraron a remero que estaba al frente de cada canoa, llevándolo al hogar acuático de Tagaloa, que deseaba más sacrificios. Los remeros se convirtieron en siete peces podero sos que tiraron a un pescador de cada canoa, el tercer sacrificio.

Los viajeros, ya reducidos, llegaron a la laguna Nukuor donde les regalaron cerdos y leche de coco, quedándose allí un año hasta que se celebró un baile en su honor. Siete de los hombres se emborracharon con vino de palma y blasfemaron contra el dios, gritando "malosi Tagaloa" El viejo árbol del pan bajo el que estaban sentados se desplomó de repente, esparciendo sus cerebros y su sangre sobre los demás. Expulsados de la isla por temor a represalias, los viajeros llevaron los cuerpos aplastados al mar en esteras y los dejaron caer en calidad de cuarto sacrificio.

Navegaron dejando atrás las islas Ralik y Ratak, pero durante muchos dias no vieron tierra y estaban a punto de morir de hambre. Los dos hombres de cada canoa echaron a suertes quién debía morir, pero cuando los perdedores estaban atados, los ganadores se negaron a matarlos.

Entonces, las mujeres hicieron el amor con los perdedores y luego los estrangularon, y su carne sirvió de alimento. Los huesos envueltos en esteras se convirtieron en el quinto sacrificio. Las mujeres hicieron entonces el amor con los restantes y planearon matarlos en caso necesario. Un huracán evitó más carnicerías, y Tagaloa habló desde su centro ordenando que no hicieran más sacrificios y pidiendo a las siete parejas restantes que viajaran hacia el sur durante 77 noches hasta encontrar unas islas fértiles llamadas Samoa. Al llegar a la isla de Oahu fueron recibidos por el rey Umi y se les unieron dos jefes de Hawai, Leapai y Tualagi, junto con sus familias, y se embarcaron hacia el sur hasta que llegaron a Manu'a.

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