CAHOKIA

El principal asentamiento de América del Norte anterior a comienzos del siglo XIX fue un complejo de montículos, plazas, empalizadas y zonas residenciales próximo al río Misisipí, a 11 km de la actual San Luis, en Misuri. Esta zona urbana, actualm Cahokia ente llamada Cahokia, ocupaba 13 km2 y se desarrolló a partir de una pequeña aldea agrícola fundada entre 600 y 800. El pueblo plantó maíz en el suelo fértil de la llanura de anegación, lo mismo que habían hecho previamente los habitantes de Hopewell. Los habitantes de Cahokia dispusieron de variedades híbridas de maíz, similares a las que se cultivan en México, más resistentes y productoras de cosechas más copiosas. Gracias a esta riqueza, Cahokia y otras aldeas del Misisipí y sus tributarios prosperaron y se expandieron.

Cada uno de estos asentamientos misisipienses se alzaba alrededor de grandes montículos y plazas, características sorprendentemente afines a los complejos de templo y plazas de Mesoamérica. El asentamiento de Moundville, en Alabama, contaba con 20 montículos dispuestos en círculo. Algunos cumplían la función de sepulcros y otros eran templos y residencias de la élite. La ciudad fortificada de Aztlán, en Wiscon-sin, ocupaba 8 hectáreas y se alzaba junto a una serie de impresionantes montículos con efigies de animales y pájaros construidos a la vera del río por una cultura anterior. Sin embargo, Cahokia fue el centro urbano más complejo que se desarrolló al norte de México.

En el siglo XVI, cuando los españoles recorrieron el río Misisipí, Cahokia llevaba mucho tiempo abandonada. Tal vez una de las causas de la decadencia de Cahokia y de las ciudades misisipienses en su conjunto fuera la superpoblación, que dio lugar a epidemias, luchas sociales y sequías.

Panorámica moderna de Cahokia. En pleno apogeo, entre los años 850 y 1150, la ciudad contó con más de cien pirámides y montículos de tierra de cúspide plana, de los que todavía se divisan alrededor de veinte. Aunque antaño sobre los montículos se alzaban grandes estructuras de madera -probablemente residencias de personas de alto rango-, ¡a mayoría de los habitantes vivían en edificios de madera más pequeños, construidos en tomo a los montículos y las plazas. Es posible que la población superara los 10.000 habitantes y que hasta 40.000personas residieran en las aldeas circundantes.

Al alba del solsticio de verano, el «poste del solsticio» y el central del círculo de madera quedan exactamente alineados con el astro cuando asoma por encima del montículo de los Monjes. Los principales montículos del yacimiento forman parte del mismo alineamiento.

Las primeras incursiones europeas a América del Norte quedaron sorprendidas por la inmensidad del subcontinente. Los reducidos grupos de vikingos y de pescadores vascos que llegaron a la costa noreste, así como los primeros exploradores españoles, franceses e ingleses, apenas perturbaron miles de años de cultura. Las primeras y pequeñas factorías, misiones y asentamientos europeos que se establecieron fueron como islotes en un vasto mar sin explorar.

En cuanto izaron sus banderas, los europeos reclamaron las tierras y en sólo cuatro siglos desposeyeron totalmente a los aborígenes. Aunque algunos grupos nativos controlaron los terrenos de caza o de recolección y todos respetaron los límites de los sitios sagrados, ninguno tenía la idea del territorio en tanto líneas trazadas en un mapa, es decir, dividido, comprado y vendido. Los colonizadores se ocuparon de imponer este concepto con implacable vigor.

Hubo tres clases de invasión europea: la física u ocupación del territorio por parte de los recién llegados, la espiritual o imposición del cristianismo y la material o introducción de artículos como armas y alcohol. Los nativos fueron expulsados, engañados por tratados que no se cumplieron, subyugados, destruidos, atiborrados de alcohol y encerrados en reservas, pero su cultura no se destruyó porque, gracias a la influencia de geniales cabecillas, las culturas nativas tradicionales sobrevivieron e ingresaron en la modernidad.