EL SUBÁRTICO

Al norte de las praderas y los bosques del noreste y alrededor de la bahía de Hudson se extiende un bosque inmenso interrumpido por incontables lagos, pantanos, arroyos y ríos.

Resistentes pinos, piceas y abetos sobreviven en los suelos roc Subártico osos e infértiles y, en sitios protegidos, álamos temblones, sauces y abedules soportan los largos y terriblemente fríos inviernos. Por todas partes hay líquenes y musgos que se aferran a los árboles, las piedras y el suelo. Más al norte el bosque da paso a la gélida tundra. Aunque los veranos subárticos llegan a ser cálidos, en la tundra y los bosques de los alrededores no es una buena época porque el aire está cargado de moscones, mosquitos y otros insectos que pican. Bajo la delgada capa derretida por el sol el suelo se mantiene permanentemente helado.

La mayoría de los habitantes de este inhóspito territorio cazaban, pescaban y salían a buscar forraje en reducidos grupos familiares.

Al este de las Rocosas, los chipewyan, los dogrib, los kutchin (gwich'in) y otros pueblos hablaban lenguas atapascas. El paisaje de granito asolado por los glaciares que rodea la bahía de Hudson y se extiende hacia el este hasta el Atlántico fue el hogar de los pueblos algonquinoparlantes, incluidos los cris, los ojibwas, los naskapis y los montagnais.

Los grupos de cazadores se dedicaban a perseguir las presas. En invierno vivían a orillas de los lagos para garantizar la provisión de pescado y montaban cobertizos o pequeños tipis. También se desplazaban a pie, con la ayuda de raquetas, o en trineos y toboganes. Algunos grupos reconocían los territorios familiares de caza y tendido de trampas y, año tras año, retornaban a los sitios escogidos para la caza, la pesca o la recolección. Capturaban fácilmente caribúes, alces y otros animales que dejaban huellas en la nieve. Cuando el deshielo primaveral empantanaba las tierras, recorrían ríos y lagos en canoas de corteza de abedul.

La vida en la zona subártica septentrional se basaba en el caribú y el reno. Los pueblos utilizaban todas las partes de estos animales para diversos fines: desde tipis de piel de caribú hasta herramientas y armas realizadas con huesos y cornamentas. Los caribúes pasan el invierno en grupúsculos dispersos dentro de los límites de la vegetación arbórea, pero a comienzos de primavera migran a los territorios de reproducción de la tundra, que se extiende al norte. Durante el corto verano septentrional regresan al sur con las crías. En el trayecto son acosados por los lobos y, en los cruces de los ríos, donde están más expuestos, por los seres humanos.

También cazaban alces, bueyes almizcleros, ciervos, animales de pelaje como castores, visones, liebres y nutrias y, en los bosques situados al norte de las llanuras, bisontes. En las montañas del oeste del Yukón y de Alaska había cabras de las Rocosas. En los bosques habitaban puercoespines que proporcionaban carne y púas que teñían, aplanaban y utilizaban para adornar prendas de vestir y accesorios. Abundaban las aves salvajes. Los alimentos vegetales eran más corrientes en los bosques meridionales: bayas, raíces, arroz silvestre y la suave corteza interior de los álamos.Más al norte, los chipewyan se alimentaban casi exclusivamente de carne y pescado. El aislamiento y las dificultades no impidieron que, pese a las grandes distancias existentes, los grupos septentrionales mantuvieran redes familiares, intercambiaran cónyuges, se reunieran para organizar partidas de caza de caribúes y establecieran contactos a través del trueque de cobre, sílex y cuarcita, necesarios para la fabricación de herramientas.

Las mujeres subárticas son expertas en la captura de animales de caza menor. Tradicionalmente también se ocupan de despellejar los caribúes, curtir los cueros y despiezar y preparar la carne.