ESTUDIANTES NATIVOS

Tradicionalmente, los pueblos nativos se educaban escuchando y observando a sus mayores, y después trabajando con ellos en las tareas de la vida cotidiana. Los niños indios se sentaban a los píes de los narradores, cuyos relatos de guerreros, pica ros y otros seres espirituales hacían las veces de lecciones de moral, filosofía y religión. Más adelante empezaban a aprender las responsabilidades de los adultos, como recoger y preparar plantas alimenticias y medicinales, seguir rastros, cazar y fabricarse las ropas y utensilios necesarios para la supervivencia.

Las escuelas pusieron fin a este método tradicional de aprendizaje. Tanto las escuelas de las reservas como los internados, que separaban a los niños de sus familias durante diez meses al año, intentaron asimilar a los pueblos indio e inuit, desconectando a los niños de su cultura tradicional. En la actualidad, la política de educación de los indios es algo menos severa, pero casi todos los jóvenes nativos siguen asistiendo a escuelas públicas. La educación que se imparte en estas escuelas tiene muy poco que ver con el método tribal, más flexible e individualizado, pero el principal problema consiste en que el sistema escolar estatal refleja la tradición y valores de la sociedad blanca dominante, que a menudo contradicen las enseñanzas tradicionales. El resultado es que muchos indios salen de la escuela mal preparados para desenvolverse eficazmente, tanto en su propia cultura como en la de la sociedad dominante.

En los últimos años, con el fin de ofrecer una educación más sensible a las tradiciones indias, algunas organizaciones como el Movimiento indio Americano han procurado establecer escuelas modelo para los indios. En 1971, el Movimiento inauguró en Minéapolis la primera escuela de supervivencia para pueblos nativos, que pretendía ayudar a los jóvenes indios a adaptarse a la sociedad blanca sin perder el contacto con su propia cultura. A partir de entonces proliferaron las escuelas elementales y secundarias gestionadas por nativos. En estas escuelas nativas se tienen en cuenta las fiestas y actos tradicionales; por ejemplo, en la Escuela Nunamiut de Anaktuvuk (Alaska), las clases de octubre están organizadas en torno a la tradicional actividad inuit de la recolección de arándanos.

Los problemas de las escuelas nativas se manifiestan también en la enseñanza superior. Hasta 1968 no existieron universidades nativas. Aquel año, en la Reserva de los Navajos de Arizona, se inauguró la primera universidad fundada y gestionada por nativos. Otras tribus se apresuraron a seguir el ejemplo. En octubre de 1972, seis universidades de comunidades tribales formaron el Consorcio Indio Americano de Educación Superior (AIHEC), que en la actualidad cuenta con 30 miembros en los EE UU y Canadá. El AIHEC ha resultado ser un instrumento muy eficaz para el desarrollo económico de los indios y la continuidad de sus tradiciones culturales. Las universidades tribales, situadas en las reservas o en sus proximidades, acogen en todo momento a más de 20.000 alumnos indios y sus programas abarcan desde materias técnicas o vocacionales a cursos para posgraduados. Pero lo más importante es su interés por la cultura india. Por ejemplo, en la Universidad Sinte Gleska de la Reserva de los Sioux Rosebud en Dakota del Sur se ofrece un curso de «Gestión de Recursos Culturales», en el que se enseña a los jóvenes nativos a reunir y manejar la tradición oral y a localizar y proteger el patrimonio histórico y arqueológico.